miércoles, 21 de agosto de 2013

Lo urgente vs lo importante


Cuando era pequeño me encantaba meterme el dedo en la nariz.

Perdía la noción del espacio y el tiempo escarbando en mis orificios nasales, buscando algo mínimamente sólido que pudiera ser extraído, amasado y lanzado a cualquier parte.

Un fin de semana, después de haber pasado el día fuera con mis padres ocurrió algo insólito durante el viaje de vuelta a casa: los 45 minutos del trayecto en coche los pasé sin parar de sacarme mocos. Daba igual el agujero en el que metiera el dedo; cuando sacaba el que parecía ser el último, al buscar de nuevo siempre aparecía otro de similar calibre y textura esperando en algún rincón. 

Cuando llegamos a casa le comenté a mi madre lo sorprendido que estaba con lo ocurrido, ya que no entendía cómo mi nariz podía fabricar mocos a ese ritmo.

Mi sabia madre me explicó entonces que no era la nariz la responsable de crear esos mocos, sino que era yo, al introducir mis dedos sucios de no habérmelos lavado en todo el día, el que los creaba cada vez que metía el dedo para buscarlos.

En aquel momento creí que lo que me acababan de explicar era simplemente el origen de la formación de los mocos, pero fue años después cuando me di cuenta de la importancia vital de aquella lección:

Resulta que era yo mismo quien intentando dejar limpia mi nariz, iba creando la propia basura que después me encontraba y tan bien me hacía sentir al sacarla.

Había creado un círculo vicioso en el que me sentía útil creyendo que estaba solucionando algo, cuando lo que hacía realmente era crear y perpetuar el problema que después necesitaba solucionar. 

Si aquel viaje hubiera durado cinco horas podría haber estado cinco horas sacándome mocos, igual que si hubiera durado dos días... o si estuviera durando toda mi vida.

Actualmente continúo metiéndome el dedo de vez en cuando, aunque ahora soy más precavido y me lavo las manos antes de empezar. 

No quiero crear más mierda de la estrictamente necesaria.




Fotografía: David Rodríguez
Texto: Miguel Ángel Agulló

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