miércoles, 25 de septiembre de 2013

Nuevos planes, idénticas estrategias

Recuerdo el día en que decidí contarte todo lo que llevaba tiempo callándome: tú estabas relajada en la bañera y yo entré al aseo a mear. Mientras lo hacía comencé a decirte una a una todas las cosas que me daba cuenta que no funcionaban. Las actitudes que ya no soportaba de ti. Te expliqué lo frustrado que me sentía por la situación y la necesidad que tenía de volver a sentirme libre. Por fin estaba exteriorizando lo que me encogía el estómago desde hacía tiempo. Conforme hablaba, el alivio iba deshaciendo el maldito nudo. Empezaba a sentirme bien.

Cuando acabé de mear y volví la cara hacia el espejo sin dejar de decirte lo que pensaba, me di cuenta de que tenía la boca cerrada y que no la había abierto en todo el rato.

En ese momento te asomaste tras la cortina y me preguntaste si me quedaba mucho, que ibas a salir ya.

Acabaste de vestirte en seguida y nos fuimos a comer a casa de tus padres.

Entonces me prometí hacer las cosas de otra manera.

En este momento vuelvo la cara hacia el espejo.





Fotografía: David Rodríguez
Texto: Miguel Ángel Agulló

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