miércoles, 13 de noviembre de 2013

El problema es la solución al problema








Esta mañana me he dado cuenta de que tengo que llamar otra vez al carpintero: la cinta que sirve para subir y bajar la persiana de mi dormitorio está de nuevo desgastada y a punto de romperse.

Es la tercera vez que me toca cambiarla en dos años.

Hasta ahora, cada vez que la cambiaba creía que iba a ser la definitiva. Pensaba que estaba solucionando el problema por el simple hecho de cambiar lo que se mostraba deteriorado, como si la causa del problema fuera lo mismo que el síntoma con el que se manifiesta.

Esta vez, sin embargo, me he fijado en un detalle que había pasado por alto las veces anteriores: la cinta siempre se rompe por el mismo sitio y de la misma forma, lo que parece indicar que roza con algo que no está visible en la superficie.

Esto significa que, para solucionar el verdadero problema, que es el que origina y mantiene el síntoma, lo que habría que hacer es un agujero en la pared. Esto permitiría detectar las causas reales, aunque a su vez, provocaría la aparición de otros problemas hasta ahora no visibles, directamente relacionados con el lento y progresivo deterioro que sufre la cinta cada vez que se cambia.

Esto podría suponer, quizá, un problema mayor, y lo cierto es que pese a tener la certeza de que se va a volver a romper, el tiempo que pasa hasta que esto ocurre es suficiente como para que apenas recuerde que la situación vuelve a ser la misma.

Creo que sigue compensando el tiempo durante el cual todavía no se aprecian los inevitables desgarros.

Decidido, vuelvo a cambiar la cinta.






Fotografía: David Rodríguez
Texto: Miguel Ángel Agulló

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