miércoles, 20 de noviembre de 2013

Es mejor que te hieda el aliento que dejar de respirar


Por fin lo cogiste al octavo día, seguramente porque en aquella ocasión no te estaba llamando desde mi teléfono.

Al principio no me atreví a decir nada. Tan sólo intentaba contener el llanto tragando saliva.

Enseguida te diste cuenta de que era yo de nuevo, y antes de que pudiera hablar, citaste aquella frase que nos gustaba tanto. Aquella que estaba en el libro de Eduardo Chillida que te regalé al regresar de nuestro viaje al País Vasco:

"El deseo de comunicación no debe ser tan fuerte como para cambiar lo que se desea comunicar con tal de seguir con esa comunicación".

A continuación me pediste que dijera algo, pero lo cierto es que yo ya no me atrevía ni a respirar.

Al poco me colgaste y desaparecí de tu mundo para siempre.






Fotografía: David Rodríguez
Texto: Miguel Ángel Agulló

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1 comentario:

  1. Me ha encantado
    felicidades por el texto Miguel y magnífica foto David

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