miércoles, 29 de enero de 2014

El camino más corto es el que crea más distancia


- ¿En qué momento crees que nuestra relación empezó a deteriorarse?

- En el preciso instante en que uno de los dos dejó de hacer algo que le apetecía por el otro y decidió no hablarlo.






Fotografía: David Rodríguez
Texto: Miguel Ángel Agulló

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miércoles, 22 de enero de 2014

La habitación prohibida


Gato acompaña a Amo, dos metros tras él, hacia la puerta de salida de la casa. 

Cuando Amo llega a la puerta y la abre, Gato se detiene dos metros atrás. Amo nunca le ha dejado cruzar esa puerta.

Gato no sabe que es la puerta de salida de nada. Es una puerta como cualquier otra, sólo que en esta, cuando Amo la cruza y la cierra, suele tardar más tiempo en regresar que cuando cruza y cierra el resto de puertas de la casa.

Amo cierra la puerta, coge el ascensor, desciende seis pisos y sale del edificio.

Gato no concibe que Amo no esté al otro lado. No tiene percepción de que su casa forme parte de un edificio y es incapaz de imaginar que Amo ha salido de él, ha cogido el coche y ya se encuentra a varios kilómetros.

Gato, sabiendo que Amo tarda más tiempo en salir de esa habitación que de cualquier otra, se da la vuelta, va a comer y se pone a dormir en su silla favorita.

...

Gato ha aprendido con el tiempo, que ese peculiar sonido en la puerta (llave entrando y girando la cerradura) significa que Amo ha finalizado lo que estaba haciendo al otro lado y vuelve a entrar en la zona permitida para él.

Al escuchar ese sonido que le indica que a continuación Amo aparecerá de nuevo, Gato se levanta de la silla donde está descansando y acude a recibirle al mismo sitio donde se detuvo antes de que cruzara la puerta en sentido contrario, justo dos metros atrás.

Amo abre la puerta y entra. Siente pena por Gato, piensa que el pobre ha estado ahí esperándole todo el tiempo.







Fotografía: David Rodríguez
Texto: Miguel Ángel Agulló

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miércoles, 15 de enero de 2014

Al final de la escapada


Crees que haces lo que quieres por el simple hecho de que no haces nada que te resulte desagradable.

Como has asociado la ansiedad al hecho que la desencadena, piensas que evitando las situaciones que te provocan ansiedad, estás dejando de hacer cosas que no quieres.

Sin darte cuenta de que la ansiedad aparece, precisamente, por sentirte incapaz de afrontar situaciones que consideras importantes.






Fotografía: David Rodríguez
Texto: Miguel Ángel Agulló

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miércoles, 8 de enero de 2014

El sueño de PJ Harvey (o la función social del prestigio)


Recuerdo que estaba en un concierto, pidiendo una copa en la barra de uno de los laterales del local. No había demasiada gente. Se estaba bien.

Recuerdo que me estaban sirviendo la copa de vodka con limón que había pedido cuando a mi derecha apareció PJ Harvey (Polly a partir de ahora).

Recuerdo que la primera impresión que tuve es la que obedece a la lógica: había venido a la barra a pedir una copa. Pocos segundos después me di cuenta de que el motivo por el que se había acercado era presentarse y poder hablar conmigo.

Recuerdo que me tembló mucho la voz cuando la saludé: "Hola Polly".

Recuerdo que me dijo que no me había quitado ojo desde el momento en el que entré al local y que sentía una necesidad irrefrenable de conocerme. Me sorprendía que fuera todo tan explícito. No se preocupaba en absoluto por ocultar su interés. A continuación me preguntó qué me había pedido y pidió otra copa de lo mismo.

Recuerdo que no podía creer lo que estaba sucediendo: yo la admiraba profundamente desde hacía años. Seguía su carrera desde que sacó el disco "To bring you my love" en 1995 y había ido a verla en directo varias veces. Incluso me había masturbado pensando en ella en alguna ocasión. Y ahora la tenía a mi lado, y estaba aquí por mí.

Recuerdo que todo lo que decía sonaba muy honesto.

Recuerdo que me abrazó lentamente, acercó sus carnosos labios a mi oído y me dijo que en cinco días fuera a cenar a su casa. Me esperaba a las diez. A continuación bebió un último trago y se despidió hasta entonces. 

Me sentía muy eufórico.

Recuerdo que durante los días siguientes fui contando lo que me había sucedido a toda la gente que conocía. Consideraba que todos debían saberlo.

Recuerdo que cuando lo contaba sentía algo muy parecido al placer. Percibía una mezcla de admiración y envidia en la reacción de los demás y esto hacía que la confianza en mí mismo aumentara hasta límites que nunca antes había experimentado.

Recuerdo que al llegar el quinto día, tenía la absoluta certeza de que la noticia se había extendido de tal manera que no podía quedar nadie que supiera de mí que no tuviera conocimiento de lo que había pasado.

Recuerdo que cuando llegó la hora de ir a su casa imaginé a Polly esperándome, sentada en una silla de su cocina, con la mesa preparada y bebiendo una copa de vino tinto. Había preparado una cena especial.

Recuerdo que justo antes de salir se me presentó cualquier otro plan y finalmente no acudí a la cita. Tampoco la llamé para avisar.

Daba por hecho que para entonces todos sabrían lo que me había ocurrido y me admiraban por ello.

También recuerdo que mi motivación por quedar con ella se había agotado justo en ese preciso instante.






Fotografía: David Rodríguez
Texto: Miguel Ángel Agulló

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miércoles, 1 de enero de 2014

Al final todo conduce a alguna parte

Cuando hay una incongruencia entre lo que se dice y lo que se piensa aparece un malestar que provoca que esa situación sea insostenible en el tiempo.

Cuando esto ocurre siempre decidimos entre dos opciones para dejar de estar mal:


Opción 1: Cambiar la forma de pensar para justificar la forma en que se está actuando.

Esta opción, por lo general, es poco recomendable, ya que en la mayoría de casos se toma por pura adaptación social y para evitar conflictos con los demás o con uno mismo; aunque es la más fácil y habitual porque es la que menos esfuerzo y sacrificios requiere.

Alivia a corto plazo pero es negativa a medio y largo plazo ya que probablemente provocará la aparición de más y peores incongruencias.


Opción 2: Cambiar la forma de actuar para ser coherente con lo que se piensa.

Esta opción es la más adecuada pero también la más complicada porque suele suponer enfrentarse o decepcionar a otros.

Es difícil a corto plazo pero muy satisfactoria a medio y largo plazo, ya que refuerza la identidad y evita depender de personas o situaciones externas.







Fotografía: David Rodríguez
Texto: Miguel Ángel Agulló


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