miércoles, 1 de enero de 2014

Al final todo conduce a alguna parte

Cuando hay una incongruencia entre lo que se dice y lo que se piensa aparece un malestar que provoca que esa situación sea insostenible en el tiempo.

Cuando esto ocurre siempre decidimos entre dos opciones para dejar de estar mal:


Opción 1: Cambiar la forma de pensar para justificar la forma en que se está actuando.

Esta opción, por lo general, es poco recomendable, ya que en la mayoría de casos se toma por pura adaptación social y para evitar conflictos con los demás o con uno mismo; aunque es la más fácil y habitual porque es la que menos esfuerzo y sacrificios requiere.

Alivia a corto plazo pero es negativa a medio y largo plazo ya que probablemente provocará la aparición de más y peores incongruencias.


Opción 2: Cambiar la forma de actuar para ser coherente con lo que se piensa.

Esta opción es la más adecuada pero también la más complicada porque suele suponer enfrentarse o decepcionar a otros.

Es difícil a corto plazo pero muy satisfactoria a medio y largo plazo, ya que refuerza la identidad y evita depender de personas o situaciones externas.







Fotografía: David Rodríguez
Texto: Miguel Ángel Agulló


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1 comentario:

  1. No solo es recomendable ser coherente y consecuente con nuestros pensamientos y sentimientos, aunque a veces duela, es lo más saludable a la larga...

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