miércoles, 22 de enero de 2014

La habitación prohibida


Gato acompaña a Amo, dos metros tras él, hacia la puerta de salida de la casa. 

Cuando Amo llega a la puerta y la abre, Gato se detiene dos metros atrás. Amo nunca le ha dejado cruzar esa puerta.

Gato no sabe que es la puerta de salida de nada. Es una puerta como cualquier otra, sólo que en esta, cuando Amo la cruza y la cierra, suele tardar más tiempo en regresar que cuando cruza y cierra el resto de puertas de la casa.

Amo cierra la puerta, coge el ascensor, desciende seis pisos y sale del edificio.

Gato no concibe que Amo no esté al otro lado. No tiene percepción de que su casa forme parte de un edificio y es incapaz de imaginar que Amo ha salido de él, ha cogido el coche y ya se encuentra a varios kilómetros.

Gato, sabiendo que Amo tarda más tiempo en salir de esa habitación que de cualquier otra, se da la vuelta, va a comer y se pone a dormir en su silla favorita.

...

Gato ha aprendido con el tiempo, que ese peculiar sonido en la puerta (llave entrando y girando la cerradura) significa que Amo ha finalizado lo que estaba haciendo al otro lado y vuelve a entrar en la zona permitida para él.

Al escuchar ese sonido que le indica que a continuación Amo aparecerá de nuevo, Gato se levanta de la silla donde está descansando y acude a recibirle al mismo sitio donde se detuvo antes de que cruzara la puerta en sentido contrario, justo dos metros atrás.

Amo abre la puerta y entra. Siente pena por Gato, piensa que el pobre ha estado ahí esperándole todo el tiempo.







Fotografía: David Rodríguez
Texto: Miguel Ángel Agulló

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