miércoles, 30 de abril de 2014

Complejo de progreso*



Piensa en esto: cuando adquirimos un teléfono táctil adquirimos un pedazo del futuro que diseñaron en nuestro imaginario cuando éramos pequeños; una ilusión pensada por otros para que experimentemos la idea de lo que debe ser el progreso.

No adquirimos sólamente un teléfono con el que llamar y tener muchos planes, porque pensamos que estar más comunicados significa estar mejor comunicados. Adquirimos la posibilidad de estar disponibles para todo el mundo todo el tiempo; Adquirimos la necesidad de tenerlo siempre a mano y mirar la pantalla cada pocos segundos para tener la certeza de que no nos estamos perdiendo nada; Adquirimos la creencia de que, al tocar directamente sobre la pantalla, hacemos menos movimientos con el dedo que cuando pulsábamos botones, sintiéndonos así más inteligentes y eficaces.

Adquirimos la posibilidad de nombrarnos y hacernos presentes en las redes sociales, y por tanto, de dar cuenta de nuestra propia existencia; Adquirimos la necesidad de sentir una y otra vez ese placentero alivio que provoca saber lo que hay que saber en el momento en el que está ocurriendo, y no más tarde, cuando ya ha perdido todo su valor; Adquirimos la necesidad de expresar lo que estamos haciendo o pensando, para que, al ser compartido, adquiera significado.

Adquirimos la necesidad de pensar en cómo nos piensan los demás, y de intervenir en ello seleccionando y publicando la información adecuada para salir lo más guapo/a posible en la imagen mental que tienen de nosotros; Adquirimos la sensación de estar viviendo nuestra vida en directo, porque las cosas ya no ocurren en el espacio físico en el que nos encontramos, sino en el espacio virtual en el que las contamos. 

Realmente no era el teléfono táctil lo que estaba en la mente de quienes diseñaron el futuro en el que estamos viviendo; Ni siquiera los televisores de plasma, ni las casas "inteligentes", ni los coches que aparcan solos, ni los robots de cocina. Tampoco los marcos digitales ni los cepillos de dientes eléctricos... éramos nosotros, como consumidores de esta idea de progreso, los que estábamos siendo imaginados y hechos realidad.

No adquirimos un teléfono táctil, nosotros somos los adquiridos.







Fotografía: David Rodríguez.
Texto: Miguel Ángel Agulló.


*Este texto está inspirado en el relato de Julio Cortázar "Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj" leído por él mismo en este enlace.

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