miércoles, 10 de septiembre de 2014

Avanzado estado de descompensación

El proceso se repetía cada cierto tiempo: cuando salía un tema que nos incomodaba, no volvíamos a hablar de él. De forma velada, sin hablarlo de forma explícita, íbamos haciendo pactos de silencio. Al menos en los temas a no tratar estábamos de acuerdo.

Seguía habiendo sinceridad entre nosotros: sobre los temas que hablábamos, decíamos lo que pensábamos. Pero ya no éramos honestos, porque el motivo por el que hablábamos de esos temas era evitar otros que ya no estaban permitidos.

De este modo, coleccionando tabúes, comenzamos a provocar nuestra particular enfermedad.

Al tener que evitar los temas relacionados con situaciones, lugares y personas que tuvieran algo que ver con lo que nos esforzábamos por ocultar, se iban reduciendo las posibilidades sobre las que poder hablar.

Hasta que llegó el día en que te dije que nuestro cáncer se había extendido de forma irreversible. Que la relación sufría metástasis.

Tú te reíste, y empezaste a repetir aquellas palabras:

"Tu humor, tu humor, tu humor"…

Finalmente asentiste y, con gesto serio, confirmaste el fatal diagnóstico:

"Efectivamente, tu humor era maligno".

A continuación, con precisión de cirujano y sin suministrar anestesia, procediste a realizar un limpio y profundo corte.







Fotografía: David Rodríguez
Texto: Miguel Ángel Agulló

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