miércoles, 3 de diciembre de 2014

Exclusividad para las masas




Es maravilloso sentirse bien con uno mismo,
Y no debería estar mal visto que esto pudiera reconocerse en público:
Hablar orgulloso de lo que uno hace,
De lo que a uno le gusta,
De lo que uno cree que es.

Otra cosa es cuando uno habla bien de sí mismo,
Y necesita hacerlo -explícita o implícitamente- comparándose con los demás,
Marcando continuamente la distinción,
Aspirando a lo exclusivo -a lo que excluye-.

Porque entonces se evidencia la debilidad,
De depender del otro para poder valorarse,
Y la necesidad de sentirse, de alguna manera,
Superior a los que no pertenecen al mismo grupo de referencia.

Uno se siente entonces, en posesión de algo que el otro no tiene,
Un "otro" que situamos, por supuesto, por debajo de nosotros:
Porque no tiene el buen gusto,
Porque no tiene la cultura,
Porque no sabe lo que es bueno.

Por eso la clave no está en lo que uno dice de sí mismo.
La clave está en dónde se sitúa uno con respecto a los demás,
Cuando dice algo de sí mismo.




Fotografía: David Rodríguez.
Texto: Miguel Ángel Agulló.

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2 comentarios:

  1. Sin contar con el aislamiento y alienación que trae consigo ese ser en comparación y no ser a secas.

    La fotografía buenísima, brillante, colorida y aún así, y no por influencia del texto, triste.

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    1. Gracias Victor. La tristeza del ser elitista sólo puede percibirse desde fuera.

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