miércoles, 27 de mayo de 2015

¿Soltero o cansado?


- Me decepciona comprobar que hayas cambiado tanto después de dejarlo.

- A mí lo que me decepciona es comprobar que hayas cambiado tan poco.







Fotografía: David Rodríguez.
Texto: Miguel Ángel Agulló.

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miércoles, 20 de mayo de 2015

Instagram




- Tu pensamiento más repetido ha sido "yo no soy como ellos".

- ¿y?

- Tus conductas más repetidas han sido las suyas.







Fotografía: David Rodríguez.
Texto: Miguel Ángel Agulló.

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miércoles, 13 de mayo de 2015

Crema antiedad



Es paradójico el hecho de que haya personas 
a las que no les guste celebrar el cumpleaños,
y disfruten celebrando la nochevieja.

Como si cumplir años implicara vivir un año menos,
y cambiar de año avanzar uno más.
Como si cumplir años implicara que queda menos tiempo de vida,
y cambiar de año fuera motivo de alegría por continuar vivos.

Es paradójico porque son dos ritos de paso
que cumplen la función de hacer explícito el paso del tiempo,
y permitir estructurar la vida en torno a él.

Aunque hay un matiz significativo que los diferencia:
El cumpleaños es algo que sólo afecta al individuo,
protagonista en el día del aniversario de su nacimiento,
y el cambio de año adquiere sentido en la colectividad,
un ritual global donde el individuo se pierde.

Viviendo de este modo, al mismo tiempo,
dos formas incompatibles de vivir el tiempo.
Intentando dar esquinazo a lo inevitable.
Atacando a la arruga.
Generando la neurosis.





Fotografía: David Rodríguez.
Texto: Miguel Ángel Agulló.

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miércoles, 6 de mayo de 2015

La rentabilidad del síntoma

Me encanta viajar en tren.
Y utilizar el ascensor en los edificios altos.
Y que me hagan esperar en las salas de espera.

Me encanta estar en sitios donde forzosamente
no puedo hacer otra cosa que esperar.
Donde no hacer nada es la única posibilidad.

Entrar de forma voluntaria en un (no) lugar
donde la longitud del tiempo de espera
y lo que en él pueda hacer,
no dependa de mí.

Porque es durante esos instantes,
cuando puedo disfrutar de la sensación de disponer de un tiempo
en el que no puedo hacerme cargo de los asuntos pendientes,
de los asuntos inconclusos.

Dónde sólo puedo no hacer nada,
sin tener que sentirme mal por ello.

Porque muchas veces dejo de hacer cosas,
pero lo hago por decisión propia,
y por lo tanto siento que debería estar aprovechando el tiempo.
Y lo que es peor,
podría hacerlo.

Es por ello que me encanta que me hagan esperar.
Para experimentar así el placer
del paréntesis forzado.





Fotografía: David Rodríguez.
Texto: Miguel Ángel Agulló.

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